Exaltación De Los Amores No Correspondidos
Qué difícil es amar, qué difícil es ponerse vulnerable.
Cómo le duele al orgullo, a la seguridad
y al instinto de preservación de sí mismo.
Qué duro es confiar en el amor; no hay garantías en él.
El amor supone correr riesgos, quedar como tonto.
El amor exige no temer a humillarse y renunciar un poco al poder propio.
Atreverse a amar puede implicar renunciar al equilibrio de uno mismo.
Nadie te garantiza que no van a abusar de tu disposición,
nadie te asegura que serás correspondido.
Para algunos, quizás es más fácil cruzar el mundo que abrir su corazón,
pues a corazón abierto dos cosas diametralmente opuestas
tienen exactamente la misma probabilidad de suceder:
que algo horrible le hagan a tu buena voluntad; o bien,
que haya reciprocidad de buena fe y de amor bien entendido.
Atreverse a amar es de valientes,
aventurarse a arrojar tus perlas a manos desconocidas, es un azar.
Tu amor podría ser menospreciado y tus virtudes jamás vistas.
Pero habrás hecho lo correcto,
porque así como se le da pan al que come y semilla al que siembra;
se le da amor al que ama.
Y si no lo recibes de aquella persona en quien decidiste sembrar tu amor,
entonces a su tiempo -quizás no al instante-
recibirás amor de la inagotable y eterna fuente de amor,
de Aquél que en sí, amor es.
Tú y tu corazón fueron hechos para dar y recibir amor.
Da amor, siembra amor,
pues estamos todos entretejidos en una misma red.
Tarde o temprano las acciones de amor que plantaste
regresarán a ti con las respectivas y fascinantes contribuciones
de aquellos otros en quienes jamás sembraste.